Recuerdos del Hotel Chelsea

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Fuente: Bobbi Bowers

“I remember you well in the Chelsea Hotel,

you were talking so brave and so sweet,

giving me head on the unmade bed

while the limousines wait in the street”

Con estos versos conmemoraba el cantante Leonard Cohen a su compañera de profesión, y ya fallecida, Janis Joplin. Una historia de amor fugaz, efímera. Un encuentro entre dos artistas compartiendo la soledad a la que sus talentos los habían condenaron. Mientras el ritmo mundano se desarrollaba al otro lado de la ventana, mientras la gente corriente corría tras sus inciertos destinos, mientras las limusinas esperaban en la calle, dos artesanos de la canción compartían habitación de hotel. Un recuerdo que quedó inmortalizado en una canción, cuyo escenario fue testigo de otros muchos encuentros, de otros muchos artistas: el Hotel Chelsea de Nueva York.

Refugio de músicos y artistas malditos, el Hotel Chelsea acogió a un sinfín de personalidades que buscaban los ambientes más bohemios e idóneos en busca de la deseada inspiración.

El edificio abrió sus puertas por primera vez en 1884, y fue el más alto de todos los edificios de la gran manzana hasta 1902. Poco a poco fue adquiriendo fama gracias a los peculiares huéspedes que buscaban alojamiento entre sus muros de ladrillo rojo. Mark Twain fue uno de esos curiosos inquilinos, al igual que el escritor y periodista O.Henry, el cual llegó a registrarse en el hotel con diferentes nombres para despistar a sus acreedores. En 1954, un ebrio Dylan Thomas perdía la vida en las inmediaciones del hotel al beber hasta la muerte. También se dice que fue aquí donde Sid Vicious de los Sex Pistols apuñaló a su novia hasta quitarle la vida.

La lista de leyendas y nombres conocidos que han pasado por el Hotel Chelsea es interminable: Arthur Miller, Bob Dylan, Tennessee Williams, Jack Kerouac, Charles Bukowski, Andy Warhol, etc,etc ,etc…

Da la sensación de que allí estuvieron TODOS. Como si se tratara de un punto obligatorio para todo aquél que aspirase a desarrollar alguna rama artística; como si el talento fuese un gas tóxico que reinara el ambiente de sus habitaciones y los buscadores de musas acudieran a respirarlo para contagiarse de la enfermedad del arte.

En cualquier caso, el edificio fue pasando de mano en mano, y cada uno de sus propietarios intentó, dentro de lo posible, conservar ese aura misteriosa que terminó atrayendo a miles de turistas para conocer el lugar donde nacieron las canciones, poemas o relatos que han quedado para la posteridad.

En 2013, el Hotel Chelsea dejó de admitir reservas y cerró sus puertas al público. Su futuro sigue siendo incierto, pero la mera observación de su fachada invita a la evocación de tiempos pasados, a soñar con un Nueva York que fue escenario y origen de tantas historias y personajes que, a día de hoy, siguen nutriendo nuestro imaginario. Esperemos que abra pronto sus puertas. Nueva York se lo merece. El mundo se lo merece.